Primero, la matanza, y después, un ultimátum. La mina Lonmin PLC ha sido clara: o dejan atrás sus reclamos salariales, o se quedan sin trabajo. El conflicto ha causado ya 44 muertos. Los mineros en huelga deben volver al trabajo este martes o de lo contrario, enfrentarán el despido de la mina de platino. “¿También van a despedir a los que están en el hospital o en la morgue?”, se indignaba un minero al conocer la noticia. “De todas formas, es mejor que nos despidan porque aquí sufrimos. Nuestras vidas no van a cambiar. A Lonmin no le importan nuestras vidas, se han negado a hablarnos y nos han mandado a la policía para que nos mate».

Es uno de los peores despliegues de violencia en Sudáfrica desde que en 1994 terminó el apartheid. El pasado viernes, la policía mató a 34 mineros que comenzaron una huelga contra la empresa Lonmin PLC, con sede en Reino Unido, para reclamar una mejora de sus condiciones laborales.

La Dirección de Investigación Independiente de la Policía de Sudáfrica (IPID, en inglés) ha recuperado al menos 300 casquillos de bala del lugar del crimen que se dispararon en apenas un minuto. El semanario Sunday Tribune añade que investigadores del IPID ya tienen en su poder, además de los 300 casquillos, 45 armas que se utilizaron durante la masacre, calificada como el peor episodio de violencia desde el fin del régimen sudafricano racista a principios de los años 90.

El presidente Jacob Zuma declaró una semana de luto nacional a partir del lunes para conmemorar las vidas de todos los sudafricanos que han muerto de manera violenta, especialmente los 44 que perecieron en la mina Marikana. Invitó a dejar atrás lo sucedido. «El país está conmocionado y adolorido», dijo Zuma en un comunicado. «Esta semana debemos reflexionar en la santidad de la vida humana … debemos evitar señalar y recriminar a nadie. Debemos unirnos en contra de la violencia, venga de donde venga».

Lonmin había ordenado inicialmente a los mineros que volvieran a trabajar el viernes a la mina de Marikana. Después del tiroteo cambió la fecha para el lunes. El fecha límite se ha pospuesto por última vez a este martes.

Sudáfrica es el mayor exportador de platino y cuenta con más del 70% de las reservas mundiales. La mina Marikana, donde se desató la violencia, pertenece a Lonmin, tercera productora global de platino. Para dar una idea de las cifras astronómicas que gana la empresa inglesa, basta decir con que los precios mundiales del platino han llegado a subir a los 30 dólares la onza, más del 2%, aunque después se han desplomado. Aquí puede seguirse su cotización en bolsa.

Huelga 

Unos 3.000 operadores de perforación comenzaron el viernes 10 una huelga para reclamar el sueldo mínimo de 4.000 rands que reciben (480 dólares) a 12.500 rands (1.500 dólares). Intervino la policía y produjo la matanza más sangrienta que recuerde el país desde que terminara el apartheid.

Las imágenes, junto con grabaciones de Reuters televisión que mostraban agentes disparando con armas automáticas contra un grupo de hombres, reavivaron memorias incómodas del pasado racista de Sudáfrica.

Tras 12 horas de silencio oficial, el ministro de policía Nathi Mthethwa confirmó que al menos 30 hombres murieron cuando la policía trató de remover a 3.000 operadores de perforación armados con machetes y palos desde un afloramiento rocoso en la mina, ubicada a 100 kilómetros al noroeste de Johannesburgo.

El año pasado, después de que una disputa similar sobre la representación laboral detuvo el trabajo en la mina cercana de Karee, Lonmin despidió a 9.000 trabajadores. Luego les pidió que volvieran a solicitar su empleo y la mayoría fueron recontratados.

Para intentar recomponer su imagen, Lonmin dijo el sábado que pagaría la educación, hasta el nivel universitario, a todos los hijos de los mineros asesinados, aunque para el presidente de la compañía, Roger Phillimore, lo sucedido es «una cuestión de orden público más que laboral».(VANGUARDIA.COM)

Sudáfrica se asoma a la fractura social tras la matanza de los mineros

El presidente Zuma ordena una investigación de la matanza de 34 mineros a manos de la policía durante una protesta.

Al menos 34 mineros murieron y 78 resultaron heridos —otras cifras hablan de hasta 45 muertos— durante los enfrentamientos entre la policía y trabajadores de la mina de platino de la compañía británica Lanmin en Marikana, a unos 100 kilómetros al noroeste de Johannesburgo, según un comunicado policial, que asegura que los agentes habían actuado “en defensa propia”.

Suena la alarma social en Sudáfrica. Partidos políticos y sindicatos han exigido una investigación sobre la actuación policial y medios de comunicación y organizaciones defensoras de los derechos humanos han denunciado la matanza y acusan a la policía de haber reaccionado desproporcionadamente. Ayer, el presidente sudafricano, Jacob Zuma, que abandonó una cumbre regional en Mozambique, anunció sombrío una investigación del «impactante» suceso. «Esto es inaceptable en nuestro país, un país donde todo el mundo se siente cómodo, con una democracia que todo el mundo envidia», dijo Zuma antes de anunciar una investigación. «Estoy seguro de que la comisión de investigación descubrirá la verdad y los hechos saldrán a la luz».

“Las vidas de los africanos siguen tan baratas como siempre”, se lamentó en su editorial el periódico The Sowetan. “Ya ha ocurrido antes en este país, en el que el régimen del apartheid trataba a las personas negras como objetos. Y sigue ocurriendo hoy con una apariencia distinta”, añadió este medio, establecido en el barrio de Soweto en Johanesburgo, conocido por sus protestas contra el Gobierno racista que finalizó en 1994.

Las vidas africanas siguen baratas, como bajo el ‘apartheid”, asegura un diario

Cerca de 3.000 trabajadores de la mina de Marikana abandonaron sus puestos el 10 de agosto y llevan protestando desde entonces por sus condiciones salariales. Con los de ayer, ha habido varios enfrentamientos entre diferentes facciones de mineros y las fuerzas de seguridad. En total, han muerto al menos 44 personas, incluidos dos policías y dos guardas de seguridad.

Las comparaciones con la violencia del Estado durante el apartheid han sido comunes tras la matanza. “No me parece una comparación justa”, dijo Hamadziripi Tamukamoyo, investigador en el programa de Crimen y Justicia del Instituto de Estudios sobre Seguridad de Sudáfrica (ISS). “Ha sido un incidente y aún no sabemos si los mineros eran una amenaza para los policías”, advierte.

Aunque este ha sido el hecho más violento y con mayor número de víctimas, en los últimos meses han sido comunes las protestas en las minas en Sudáfrica. El pasado enero, al menos tres personas murieron en enfrentamientos en otra mina de platino. Además, en el último año también han sido cada vez más frecuentes las manifestaciones en las que la población pobre del país protesta por la falta de agua corriente, luz eléctrica y otros servicios básicos. “Se trata de exigencias legítimas de que el Estado proporcione los servicios básicos”, indicó Tamukamoyo.

El crecimiento solo parece beneficiar a la minoría blanca y a las élites negras

Cada vez más sudafricanos se echan a las calles para protestar por los elevados niveles de pobreza y desempleo, que aunque oficialmente está en el 25%, supera el 50% entre los jóvenes. Muchos creen que el crecimiento económico de Sudáfrica, del 3,1% el año pasado, solo beneficia a la minoría blanca y a las élites negras cercanas al poder, mientras que la gran mayoría de la población negra sigue viviendo en la pobreza.

En el caso actual, los mineros de Marikana exigen que sus sueldos, de entre 4.000 y 5.000 rand sudafricanos (entre unos 390 y 490 euros), aumenten a 12.500 rand (unos 1.220 euros). La mayoría están representados por la Asociación de Mineros y Trabajadores de la Construcción (AMCU, en inglés), un sindicato de reciente creación y muy activo que está enfrentado al mayoritario Sindicato Nacional de Mineros de Sudáfrica (NUM, en inglés). El NUM ha dominado la escena sindical durante los últimos 25 años y está conectado políticamente con el Congreso Nacional Africano (ANC, en inglés), el partido gobernante del presidente Jacob Zuma.