A la sombra del abandono, la basura y las contaminación ambiental.

FOTO PROTESTA TOCOPILLA

Pasan los días y en la ciudad de las termoeléctricas la tensión no se disipa. En la última asamblea ciudadana, se puso como plazo esta semana para que el ministro Mañalich llegue a  cumplir con las demandas de los habitantes: un petitorio que se centra en la débil oferta de especialistas médicos. Sin embargo, son muchos los fantasmas que rondan Tocopilla, como los basurales, los perros vagos, la falta de transporte y el cáncer.

Cuando el sociólogo Marcos Álvarez llegó en marzo de 2013 a Tocopilla, enviado por la organización Servicio País como parte de la primera etapa de un programa de intervención social, se quedó para adentro. Con falencias y escaseces al por millón, la ciudad era, en sus palabras, “tierra de nadie”. El aislamiento le ha valido a la zona la falta de servicios básicos para la comunidad, de una surtida oferta laboral, de conectividad y acceso a caminos y telecomunicaciones, y hasta del cuidado y la protección de los entes estatales que deberían regular materias como la salud de sus habitantes o la contaminación de la industria minera y productora de energía.

“Se identificaron tres problemas graves. En primer lugar, el problema de la basura: no existe un vertedero estable sino un ‘botadero’. Existe un sistema de recolección municipal pero la basura está en la calle día y noche”, explica Álvarez. Y añade que de este conflicto surge otro problema detectado: los perros vagos. En Tocopilla, por cada un habitante existen cuatro perros. Actualmente, son cerca de 25 mil los tocopillanos. Según el sociólogo, la cifra de canes en las calles es de casi 100 mil.

Pese a ser una ciudad pequeña, donde existe sólo una vía principal de ingreso, sobre la humilde Tocopilla se ciernen las moles de dos termoeléctricas: Norgener (de AES Gener) y E-CL (del grupo Suez). Además, en la zona se ubican la Planta Lipesed, que procesa minerales oxidados de cobre, e instalaciones de la minera SQM. Para Álvarez, el impacto que estas empresas han tenido sobre la calidad de vida de los ciudadanos es el tercer problema grave detectado. En Tocopilla se cree que la presencia de éstas ha terminado incluso contaminando el agua. “La mayoría de la gente no toma agua, compra bidones porque se cree que el agua tiene muchos metales pesados. Incluso dicen que tiene arsénico”, explica el voluntario de Servicio País.

En 2006, durante el gobierno de Michelle Bachelet, la Comisión Regional de Medio Ambiente (Corema) declaró la ciudad como Zona Saturada de Contaminación. Según estudios de este organismo, consignados por el Instituto Nacional de Derechos Humanos, los principales culpables fueron las altas emisiones provenientes de las termoeléctricas, el procesamiento de minerales de Lipesed, y el almacenamiento y embarque de productos agroquímicos de SQM, etc. Tanto en el paisaje desértico de esta localidad como en los cuerpos de sus habitantes, se han acumulado durante décadas metales como hierro, petcoke, hollín, etc. Las consecuencias de esta contaminación en la salud de las personas no tardaron en manifestarse. En 2003, un informe del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la U. Católica reveló la presencia de problemas médicos vinculados a la polución del aire.

Con este escalofriante panorama como trastienda, en octubre de 2010 se dio el vamos al Plan de Descontaminación de Tocopilla, que ofrece un plazo de tres años y seis meses para que las empresas reduzcan sus emisiones y apliquen además una serie de medidas de mitigación. “El Plan de Descontaminación no existe. Los encargados de velar por ese plan son la Seremi de Salud y la Seremi de Medio Ambiente. La primera no tiene presencia más que en el hospital y la segunda tampoco. Es re poco lo que se le ve. Tampoco el municipio cuenta con el personal adecuado”, explica Álvarez. Y en efecto, la Municipalidad de Tocopilla siquiera cuenta con un departamento de Medio Ambiente o encargado que lo dirija. “No tenemos un departamento de Medio Ambiente porque con un presupuesto de $ 2.500 millones al año, no alcanza”, aclara el alcalde Fernando San Román.

Consultado por la fiscalización de las seremis, el edil asegura que “es poca. Hace poco tuvimos una exposición de la Seremi de Salud por el Plan de Descontaminación y nos mostraban que aún estamos al límite de la norma anual. Me cuestiono si realmente estamos avanzando, si hay un cumplimiento. (Las empresas) han tomado medidas, seamos justos, pero creemos que es insuficiente y que tienen que ir más allá”.

Tocopilla se levanta

Los primeros atisbos de las movilizaciones ciudadanas en Tocopilla comenzaron a hacerse notar hace casi dos semanas. El pasado 24 de julio, un grupo de trabajadores de distintos gremios, como pirquineros, mariscadores y transportistas se tomaron el puente SQM, interrumpiendo la ruta 1 que sirve para unir las regiones de Tarapacá y Antofagasta. Con el paso de los días, la situación se fue complicando y los ánimos recrudeciendo. Apenas una semana después, el alcalde de la ciudad, Fernando San Román, alertaba vía Twitter sobre el inicio de nuevas movilizaciones y comprometía su apoyo total.

El pasado viernes 2 de agosto la cosa terminó con los habitantes y el contingente de Fuerzas Especiales de Carabineros enfrentados en las calles, dejando al menos 15 personas detenidas y otros 15 heridos.

Dos de ellos fueron jóvenes, de 17 años, cuyos heridas —uno con fractura y rotura de tendón en las piernas, el otro con un traumatismo en el ojo— tuvieron que ser derivados a Antofagasta para una atención especializada. El alcalde San Román fue uno de los manifestantes que resultó abatido. Según su relato de los hechos, publicado en el sitio web de la municipalidad, la autoridad se acercó a un piquete de policías en la esquina de la calle Sargento Aldea con Av. Prat. “Me acerqué y les pedí que se retiraran del lugar, porque ahí había mujeres, adultos mayores y menores de edad. Les dije que no queríamos violencia y les pedí que se fueran del lugar. En ese momento se abalanzaron sobre mí varios efectivos de FF.EE., quienes como energúmenos me tomaron, le lanzaron al suelo, me arrastraron, lo que provocó que mis lentes salieran volando y cayeran al piso. Alcancé a tomarlos. Luego me tiraron como un animal al interior de una micro o bus de Carabineros donde sufrí una violenta golpiza. Un carabinero me tomó del cuello y comenzó a ahorcarme. Me ahogué, perdí la respiración y me desvanecí por algunos segundos. Fue una agresión muy brutal. También un golpe de puño en mi cara, golpes en mis piernas y espalda”, señala el edil en su relato.

Entre las principales demandas se encuentran mejoras en los servicios de salud, particularmente en el caso del Hospital Marcos Macuada que, pese a sus modernas instalaciones que datan de 2009, no puede atender al público debido a la falta de especialistas. Por esto, sus habitantes tienen que viajar a Antofagasta para pedir hora o atenderse de urgencia. A esto se suman otros puntos como la creación de un subsidio energético para la electricidad, la cancelación de un proceso que busca licitar la construcción de una nueva planta de revisión técnica y el financiamiento por daños ambientales en la zona. A las movilizaciones han adherido también los estudiantes locales quienes reclaman no poder hacer efectivos sus derechos del pase escolar (TNE) ya que, en simples cuentas, no existe una locomoción pública en la ciudad salvo una red de taxis colectivos.

Las movilizaciones en Tocopilla no son una novedad. En 2006, manifestaciones a menor escala se hicieron escuchar en contra de los altos índices de contaminación provenientes de las empresas. Sin embargo, según San Román, las protestas nunca alcanzaron los niveles actuales. “Nunca había habido una movilización tan fuerte como la de hoy. Tenemos toda la ciudad movilizada, con banderas negras. Estamos a la espera del ministro de Salud. No tenemos problema con hablar 20 veces con el intendente pero en la medida que sea para que venga el ministro”, explicó a este medio, agregando que la comunidad decidió en pasadas las 20:00 del lunes un nuevo cronograma de manifestaciones. El martes, a las 20:00, a las afueras del Hospital Marcos Macuada, se llevará a cabo una velatón en demanda de los médicos especialistas. El jueves se determinó boicotear el simulacro de tsunami programado por la Onemi para el borde costero de Tocopilla, Mejillones, Antofagasta y Taltal. Para ello, los habitantes ocuparán las playas locales a modo de protesta. Por último, el día viernes, a las 11:00 y desde la Escuela Arturo Prat, se realizará la marcha de los niños de Tocopilla. Todo esto con el sonido de los cacerolazos nocturnos de fondo. “Les damos una semana de plazo”, señaló San Román, puntualizando que en caso de que sus demandas no se cumplan en ese período, la ciudad se irá a paro. “Estamos dispuestos a llegar hasta el final”, apunta.

“Los muertos están”

En los últimos días, una fotografía ha circulado en medios y en internet, conmoviendo al país entero y graficando las carencias de la atención médica en Tocopilla. En ella aparece el vientre de una mujer embarazada sobre el que está escrito, con letras negras, “quiero nacer en Tocopilla pero no hay ginecólogo”. La postal es decidora.

Sin embargo, hay otras imágenes aún más crudas y que se ven a diario al interior de la Agrupación de Ayuda al Enfermo de Cáncer (ADAEC), entidad creada hace 11 años en Tocopilla por un grupo de miembros del Voluntariado Damas de Verde de la Corporación Nacional del Cáncer. “Desde el año 2002 al 2011, cerca de 500 personas han fallecido por cáncer. Los más frecuentes son el cáncer de pulmón, de próstata, cáncer cérvico uterino y de mamas en las mujeres, melanomas”, cuenta Silvia Galleguillos, presidenta de la agrupación desde 2012. La antigua presidenta, Edith Ayala, perdió a su marido y a sus tres hijos por cáncer. Y es que, según Galleguillos, en su ciudad el cáncer no discrimina en edades. “Actualmente estamos con un chico que tiene un cáncer de órbita, tiene ocho años”, agrega.

Actualmente, el organismo apoya a 80 tocopillanos que padecen esta enfermedad. Así y todo, en la ciudad no existe un solo oncólogo que los atienda. Como muchos otros, Galleguillos asegura que los altos índices de casos de cáncer, así como de enfermedades respiratorias, tienen que ver con la presencia de las termoeléctricas y mineras. “Tenemos los diagnósticos. La gente se deriva a Antofagasta o Santiago. Acá no se va poder nunca comprobar el cáncer está ligado a la contaminación porque mandan gente a medir que viene ‘bigoteada’, no encuentran nada. Parece que estamos viendo fantasmas, que nos estamos muriendo porque sí”, explica la mujer molesta.

A ella se suma también el alcalde de Tocopilla. “Los muertos están. A lo mejor no tenemos un estudio que determina que la contaminación provoca la enfermedad, pero los muertos de cáncer están. Algo está pasando en Tocopilla, donde justamente tenemos dos termoeléctricas en medio la ciudad. Todo coincide, todo cuadra”, asegura el edil.(EL MOSTRADOR)