La estructura productiva y los encadenamientos asociados a la minería, no pueden ser abordados de manera estática, menos aun cuando se efectúan proyecciones de largo plazo para sustentar afirmaciones como: “si no se materializa la inversión proyectada en minería, Chile sufrirá una desaceleración”

“Pib Minero en Chile , inversión, estructura productiva y proyecciones”.

Por : Gino Sturla Zerene

(INGENIERO CIVIL, MSC / DOCTOR © EN ECONOMÍA / Asesor Federación Minera de Chile)

 Resumen

El enfoque con el cual se analiza el aporte de la minería del cobre al país ha sido hasta ahora muy deficiente y de corto plazo; el crecimiento del sector, las supuestas restricciones a la inversión, las metas de producción, la “ambigua productividad” y la reducción de costos han guiado, entre otras, una discusión que ha transformado problemáticas complejas y equívocas, en verdades canónicas. Los determinantes de la inversión en minería deben ser analizados desde una perspectiva más amplia, que incluya elementos cruciales como la necesidad de una inversión balanceada entre distintas formas de capital, las ganancias excesivas y la necesidad de una estrategia óptima de inversión para el país. La estructura productiva y los encadenamientos asociados a la minería, no pueden ser abordados de manera estática, menos aun cuando se efectúan proyecciones de largo plazo para sustentar afirmaciones como: “si no se materializa la inversión proyectada en minería, Chile sufrirá una desaceleración”. Este tipo de aseveraciones son contradictorias, esto es, fomentar aún más una inversión desbalanceada en minería puede generar una matriz productiva aún más dependiente y frágil, cuestión que critican los mismos que emiten estos comentarios. El largo plazo y la consistencia con la teoría económica se dejan de lado, a objeto de instalar una escenografía ad-hoc a la obra que dirigen los dueños del capital físico y financiero.

  1. Inversión en Minería .

EL aporte del sector minero al PIB de Chile ha promediado un 13% en la última década, los montos de los años 2016 y 2017 (en torno a un 9%) 1 en ningún caso permiten hacer afirmaciones rotundas respecto al futuro de la minería en Chile.

Si bien es cierto que la inversión en minería ha caído en los recientes años (no así en otros sectores), debe recalcarse que ésta corresponde a inversión en capital físico, no en capital humano ni natural; estas últimas formas de capital son sustanciales para el sustento del negocio minero en el largo plazo.2 En relación a lo anterior se pueden dar ejemplos como el bajo nivel de investigación y desarrollo en el sector (CNP, 2017), la insuficiente regulación ambiental, los bajos incentivos a la eficiencia debido a las gigantescas rentas de largo plazo de la gran minería (Sturla et al., 2016 3) y la corroborada manipulación de los indicadores de inversión en Chile , entre otros.

Debe considerarse el problema de la inversión de manera multidimensional y en un contexto de largo plazo. Elementos en esencia ambiguos son tratados en la prensa y por algunos académicos de forma muy somera e irresponsable, entre ellos:

▪ No es claro que la estrategia óptima sea extraer la mayor cantidad de cobre posible, menos en un país que vende el 30% de los recursos cobres del mundo; no se trata de adoptar conductas monopólicas, sino que al menos: i) tener consciencia que lo cambios de oferta en Chile afectan el precio internacional del metal rojo, y ii) entender que adecuar la producción a la dinámica de la demanda mundial, y a la volatilidad de los precios de los minerales, debe ser un elemento para definir una política óptima de explotación.

Constantemente la discusión se sitúa en lugares comunes como: crecimiento del sector, aumento de costos, productividad, pérdidas y restricciones regulatorias (tributarias, laborales y ambientales), entre otros. Se dejan de lado elementos sustantivos en la mirada de largo plazo y en relación a la sustentabilidad del sector: rentas económicas (ganancias excesivas), beneficios de la refinación en Chile, desgaste de los recursos naturales, contaminación y ordenamiento territorial, conflictos sociales y rol activo de los trabajadores.

Así, al hablar de inversión en minería y de los proyectos futuros, más que situar el análisis en los múltiples determinantes de ésta, se ha instaurado que mientras más inversión en capital físico (máquinas) y más producción de cobre, mejores serán las perspectivas. Lo anterior lleva a un estado muy poco reflexivo, el cual puede desembocar en aseveraciones totalmente infundadas, equívocas y muchas de ellas nocivas para los intereses del país. Algunos ejemplos de lo anterior:

▪ Favorecer la inversión vía mecanismos tributarios: no cobro de regalías, depreciación acelerada, mantención de exenciones (combustibles) y estancamiento de capacidades fiscalizadoras.

▪ Relajar exigencias ambientales: mantener estándares de regulación bajos, evaluaciones ambientales no vinculadas a las comunidades ni a los trabajadores, mantención de leyes y reglamentos que facultan el uso gratuito de las aguas, etc

. ▪ Reducir las remuneraciones de los trabajadores: los proyectos mineros en Chile, en particular la gran minería del cobre, ha generado enormes ganancias excesivas (Sturla et al., 2017; Banco Mundial, 2016; OCDE, 2013), las cuales no han sido retribuidas a los factores productivos que las generan: recurso natural y trabajo.

  1. Estructura productiva y proyecciones.

El sector minero es gran consumidor de bienes intermedios de otros sectores de la economía, fundamentalmente de los sectores Electricidad y Gas, Construcción y, Transporte y Telecomunicaciones. Es común encontrar artículos o columnas de economistas indicando que la fuerte dependencia del cobre (y recursos naturales en general) de la matriz productiva chilena es una de las debilidades de la economía, sin embargo, más allá de algunas recomendaciones básicas, no tocan los puntos de fondo: destino de las rentas económicas de los recursos naturales (López y Figueroa, 2016) 5 , inversión balanceada en las diversas formas de capital, mecanismos concretos para transitar hacia una economía diversificada y más limpia (López et al. 2011).

Así, el tema de la dependencia y el cambio estructural se han reducido a aseveraciones contradictorias, esto es, por un lado se habla de salir de diversificación pero en la práctica se fomenta aún más una inversión desbalanceada en minería, la cual puede generar una matriz productiva aún más dependiente y frágil.

Un artículo publicado en noviembre del año 2013, en prensa, titulado “Informe revela que minería explica el 43% del PIB” 7 , resulta ilustrativo de esta contradicción aludida.

El texto parte con ciertas advertencias razonables “así, un estudio elaborado por la Facultad de Emprendimiento y Negocios de la Universidad Mayor advierte de la fuerte dependencia que se genera entre todas las áreas de la economía chilena y la minería”; y termina con contradicciones elementales “sin embargo, si estas inversiones no se materializaran, como ya se está anunciando, la producción de cobre se reduciría en un 20%, lo que implicaría llegar a 4,5 Mega TMF en ese año, con el consiguiente efecto encadenado para las demás actividades. Esto generaría una desaceleración de 18,7% del PIB minero. Como consecuencia, la economía se contraería un 8,8%, equivalente a una desaceleración de 1,1% anual, impactando además en el resto de sectores productivos”.

Pero artículos como éste no sólo abandonan los problemas de fondo de la economía chilena y se cuadran con los intereses de los dueños del capital físico y financiero, sino que además presentan inconsistencias gravísimas con respecto a la teoría económica y generan un ambiente donde reina el corto plazo, perjudicando fundamentalmente a los trabajadores (de todos los sectores), sus familias y al capital natural de todos los ciudadanos de Chile.

En el caso de este artículo lo primero que hacen es tomar la matriz insumo producto de 12 sectores (año 2013) y ver todos los bienes intermedios que van a minería, así llegan así a un 43%. En general utilizar estas matrices es común en algunos estudios, por ejemplo, el año 2016, López, Accorsi y Sturla, mostraron, entre otros, con base en la matriz insumo producto y el balance de energía, que las emisiones de carbono se subestiman al no considerar los insumos sucios que compra la minería, pasando de un 5% de las emisiones totales del país a un 13%, al utilizar una metodología que incorpora los efectos indirectos.8

No obstante, hay que tener mucho cuidado al analizar la estructura productiva de la economía y más aún cuando se hacen proyecciones, como las efectuadas por este estudio de la Universidad Mayor. Se describen algunas de estas inconsistencias, las más generales:

▪ Se asume que la estructura productiva se mantendrá igual, caso aumenten o disminuyan las toneladas de cobre producidas y que todos los precios se mantienen constantes, ignoran elasticidades precio-demanda, cambios en la composición dentro de los otros sectores.

▪ Lo anterior podría ser válido para periodos muy cortos 1-3 años y evaluando cambios de producción pequeños (1-2% a lo más), primero porque no tiene sentido económico, pero también porque Chile produce 30% de cobre en el mundo y cambios de estas magnitudes generan impactos sobre el precio de las importaciones en una economía abierta como la chilena, luego el efecto sobre el PIB es ambiguo, sobre todo por los efectos en el precio que dependen de la demanda mundial.

▪ La matriz insumo producto considera funciones de producción Leontieff, esto es, proporciones fijas, o sea, no hay sustitubilidad entre los factores de producción, luego en el mediano plazo, no tienen sentido alguno las proyecciones, menos en una economía abierta, la minería puede contratar por ejemplo servicios externos, o usar más servicios de uno que otro sector.

Así, hacer responsable a la inversión minera de problemas en la economía en el mediano plazo no contribuye a la discusión de fondo, y peor aún, la forma en que se aborda la cuestión del PIB nacional y sectorial, hace que las proyecciones pierdan validez económica y dificulten la posibilidad de sustentar políticas económicas serias de cambio estructural.

Se recalca que se ha tomado este estudio como referencia para ilustrar puntos claves del vínculo entre inversión en minería, estructura productiva y proyecciones.

  1. Datos oficiales, supuestos y minería en el PIB del año 2018.

Si se quiere hacer, por ejemplo, una aproximación razonable del aporte al PIB de la minería, se deben considerar periodos de tiempo muy breves (1 año) y dejar claros los supuestos. En base a información oficial recopilada, se efectúa esta proyección para el año 2018, asumiendo que todo se mantiene constante a excepción del precio del cobre y las toneladas producidas (se recalca que la proporción de concentrado de cobre respecto a cobre refinado también se mantiene constante).

Así, de Cochilco , enero 2018 se obtiene el precio del cobre para 2018, correspondiente a 3,06 USD/libra, del Portal Minero10 se obtiene la proyección de las toneladas que producirá la minería del cobre, unos 5,74 millones toneladas (5% más que en 2017). La siguiente tabla muestra una estimación simple del aporte de la minería al PIB, proyectado para 2018.

El valor obtenido está dentro del orden de magnitud de lo reportado por el Consejo Minero11 “para el año 2018 las perspectivas son más auspiciosas, con un crecimiento sectorial sobre el 6%”. Lo importante radica en dejar claro los supuestos que se han efectuado y recalcar nuevamente que las proyecciones de largo plazo deben ser efectuadas con muchísimo cuidado, evaluando los elementos mencionados en la sección anterior y muchos otros.

Justificar políticas apresuradas para fomentar la inversión en minería no tiene asidero económico y, lo más importante, genera un ambiente en el cual comienzan a transformarse en “verdad” aspectos que son ambiguos, como el aporte de la minería al PIB y su efecto sobre los otros sectores, y otros elementos aún más sensibles, tales como aseveraciones del tipo “la reducción de los salarios y beneficios de los trabajadores ayudará a sostener los beneficios que trae al país la minería”, esto es totalmente falso, de hecho, como ratifica la Comisión Nacional de Productividad, se debe aumentar el gasto en capital humano (recursos para los trabajadores). Más aún, en una columna previa del autor, se señala y justifica con sustancia económica que “aumentar los salarios y beneficios tiene un doble efecto sobre la eficiencia económica”, primero pues la productividad laboral no está siendo retribuida en su totalidad, y segundo, pues al captar parte de las rentas económicas – ganancias excesivas – de las empresas mineras, se ordenan los incentivos de inversión, lo cual va también en el sentido de la diversificación económica y disminución de la dependencia del cobre.