En la última cena de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), realizada la noche del miércoles 5, el traicionado no estuvo sentado a la mesa, ya que en consecuencia con la abismante desigualdad que caracteriza a la sociedad chilena, el gran empresariado que conforma esa organización degustó de los mejores platos y manjares de la gastronomía local, en compañía del más selecto grupo de comensales que podían hallar en el país: la presidenta Bachelet, casi la totalidad de su gabinete de ministros y subsecretarios, más la mayor parte de los senadores y diputados de la república.

Esta última cena de la Sofofa, la de su 131 aniversario, dejó en evidencia una vez más, de manera descarnada, que la desigualdad que se pretende eliminar o reducir a través de las reformas que impulsa el gobierno, se desarrolla en un terreno completamente inclinado en contra de las expectativas, anhelos y necesidades de la clase trabajadora, la traicionada en esta opíparo banquete.

Es que para los trabajadores o sus líderes sindicales, es un imposible, una instancia prohibida, esta ventaja injusta que posee el gran empresariado de tener al gobierno y a los parlamentarios casi en pleno para escuchar sus quejas, demandas y aspiraciones.

Lo que el empresariado le dictó al gobierno y parlamentarios

Y qué fue lo que este selecto grupo de comensales integrado por autoridades de gobierno y congresistas oyó de parte de quienes tienen el poder en sus manos para desnivelar eternamente la balanza a su favor, he aquí un resumen de lo dicho por el Pdte. de Sofofa,  Hermann von Muhlenbrock, de acuerdo a lo publicado El Mercurio, La Tercera y Diario Financiero:

  • Rechazo a los cambios fundacionales que se pretenden hacer al modelo exitoso de desarrollo del país, los que estarían inspirados en una extremada mirada asistencialista del Estado, socavándose con ello los pilares que hacen posible que el país siga creciendo impulsado por la iniciativa privada.
  • En línea con lo anterior, y contrario al supuesto espíritu de las reformas, para sumar a más chilenos al carro del progreso se debe utilizar un proceso de perfeccionamiento continuo y no la reingeniería (no la transformación ni el cambio).
  • Una gran preocupación por un supuesto clima antiempresarial que se ha venido desarrollando y por la denigración del rol privado en la discusión de las reformas.
  • Piden que no se limiten las libertades de emprendedores y trabajadores, aduciendo que eso es lo que se está originando a través del proyecto de reforma laboral, el que buscaría fortalecer “artificialmente” la actividad sindical y restringir la libertad de asociación de los trabajadores, entregándole al sindicato una especie de monopolio negociador.
  • Aún más, especifican que medidas contenidas en esta reforma, tales como la titularidad sindical, la supresión de los grupos negociadores previos a la negociación, el fin del reemplazo en huelga y los cambios en los procedimientos de negociación colectiva, implican un riesgo de aumento de la conflictividad al interior de las empresas, y entregan señales confusas a empleadores y trabajadores.
  • Critican una supuesta demonización del lucro, diciendo que este no es más que la legítima utilidad que obtienen quienes asumen proyectos no exentos de riesgos y que es la base para el emprendimiento, la innovación y la eficiencia.

¿Y qué nos queda a los trabajadores?

Ante este nivel de presión del empresariado en una cancha completamente desnivelada a su favor, cabe hacerse preguntas como estas:

¿Cuáles van a ser y cuán intensas las medidas que estarán contenidas en el proyecto de reforma laboral que el gobierno se comprometió a presentar al Congreso antes de que acabe el año?

¿Cuál y de qué intensidad va a ser el acceso a la participación que el gobierno nos dará a los trabajadores y organizaciones representativas para exponer las exigencias de cambios que queremos y necesitamos en materia laboral?

Si bien las respuestas a estas dos preguntas son inciertas, y solamente pueden ser barruntadas por los anfitriones y comensales de esta última cena, una tercera interrogante sí tiene una respuesta clara y conocida para los trabajadores, contestación que se halla contenida en la historia del movimiento obrero chileno y mundial.

LA MOVILIZACIÓN

Y lo que la historia del movimiento obrero nos dice, es que la única forma de nivelar la desventaja de los trabajadores ante el poder del empresariado, consiste en la participación, organización, unión y movilización en la lucha por nuestros derechos y reivindicaciones. No tenemos otra vía, forma, método o mecanismo para que las autoridades y los legisladores aprecien y valoren nuestras ideas y aspiraciones, y aquilaten nuestra fuerza de hombres y mujeres de trabajo.

 UNIDOS Y CONSCIENTES SOMOS INVENCIBLES