Es la lucha silenciosa que todos ignoran, pero que más les duele a los ricos del país.

FOTO PORTUARIOS LOTA

 Los trabajadores han comenzado a alzar la voz de manera más fuerte en el último tiempo. Desde los mineros en el norte, pasando por los trabajadores del retail, hasta los portuarios en el sur, se levantan consignas que llaman a parar el abuso por la subcontratación y que piden mejores condiciones salariales.

Por Gonzalo Espinoza y Rocío Venegas

juan josé Toro Letelier

El jueves 21 de febrero se comenzó a difundir la noticia de la muerte de Juan Pablo Jiménez, trabajador y dirigente del sindicato n° 1 de la empresa AZETA, contratista de Chilectra. El impacto causado por la noticia fue en aumento, a medida que se iban conociendo las circunstancias de su muerte: un balazo en la cabeza cuando se encontraba en su lugar de trabajo, justo un día antes de que tuviera que comparecer ante tribunales para declarar en contra de Chilectra. La empresa estaba acusada por los trabajadores de cometer varios abusos laborales.

Las causas de su muerte aún no están claras. La PDI, organismo a cargo de la investigación oficial, culpó a una “bala loca” que recorrió un kilometro y medio, antes de alojarse en el cráneo de Jiménez. Otros hablan de un asesinato perpetrado por la compañía, o alguien que realmente necesitaba impedir que las declaraciones del sindicalista llegaran a la Justicia.

A partir de este deceso, el debate por las condiciones laborales en Chile agarró vuelo nuevamente, esta vez con una gravedad inusitada.

Un poco de historia

Actualmente, sólo un 12% de los trabajadores chilenos se encuentra sindicalizado, es decir el 88% restante no tiene las condiciones necesarias para organizarse en pos de mejorar su situación laboral. Esto se contrasta con lo que sucedía en el año 1972, previo al Golpe Militar, en donde la tasa de sindicalización se elevaba a un 33%.

No sólo la represión física e ideológica fueron los factores que influyeron en la desarticulación de los trabajadores. Desde el autoritarismo se realizó una reforma laboral, consolidada en el Código del Trabajo redactado por José Piñera, hermano del actual Presidente de la República. Esta legislación está marcada por reformas empapadas del liberalismo que de golpe se comenzó a aplicar a Chile. Por ejemplo, dota de un carácter ilegal el derecho a huelga y norma de manera estricta el procedimiento de negociación colectiva. Además, permite el lockout empresarial, es decir, el cierre de las empresas y la paralización de la maquinaria ante alguna eventual movilización, lo cual termina con derechos de los trabajadores adquiridos durante más de cincuenta años de duras luchas. Ese código es el que continúa casi intacto, con superficiales reformas, hasta hoy.

Otra de las estrategias utilizadas por Piñera fue remitir la tarea de los sindicatos sólo a la labor empresarial. La investigadora del área sindicatos y negociación colectiva de la Fundación Sol, Valentina Doniez, explica esto. “Lo que planteaba era cambiar la lucha de clases por la lucha entre empresas. Y ahí la idea de él es que los trabajadores tienen que estar del lado del empresario”.

Pero el plan de Piñera no sólo buscaba que las condiciones para hacer huelgas y negociaciones colectivas se volvieran nulas, sino que también diseñó el sistema previsional chileno (AFP) que rige hoy. El promedio de las pensiones actualmente no supera los 178 mil pesos, inferior al sueldo mínimo. Mientras que para obtener una jubilación que los 480 mil pesos mensuales, se necesita ahorrar un total de cien millones de pesos, según investigaciones del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (CENDA).

Sin embargo, en los últimos años han surgido luchas a lo largo del territorio chileno. En el sur, en mayo de 2007 trabajadores forestales consiguieron mejoras salariales luego de una movilización que dejó como símbolo la muerte del obrero Rodrigo Cisternas, a manos de Carabineros. Mientras que en el norte, 28 mil subcontratistas de CODELCO hicieron una huelga ilegal por mejoras salariales, que incluyó una quema de buses con el fin de paralizar las faenas.

Respecto a los niveles de sindicalización, Valentina da cuenta que “la población afiliada a los sindicatos tuvo un crecimiento en los últimos años, pero no se puede decir que haya una tendencia firme. Pero sí el 2007 hubo un alza, principalmente por la afiliación de las mujeres”.

marcha del sindicato de call center KONECTA

En 2012 la línea 5 del Metro de Santiago detuvo su funcionamiento cerca de una hora, luego de que un grupo de trabajadores subcontratados de la empresa call center Konecta, se tomara la estación Rodrigo de Araya, encadenándose a los rieles. Así han sido muchos los trabajadores que se han alzado en diversos rubros, como por ejemplo los peonetas de Coca Cola, las fuertes movilizaciones generadas por la Unión Portuaria del Bío-Bío, los trabajadores de ISS services Chile, del Sindicato Nacional Jumbo y un sinfín más.

“Hay un desarrollo de un sindicalismo que es un poco más consciente de sus propias falencias, limitaciones y de los desafíos que se vienen. Es un sindicalismo que se desarrolla en el contexto de los subcontratistas” señala Doniez.

Sub contrato, malos trabajos y falta de negociación colectiva

Chile es uno de los países con mayor desigualdad en el mundo. Según la Organización Internacional del Trabajo, una de las mejores formas de distribuir la riqueza es a través de la negociación colectiva. “Nosotros planteamos que uno de los factores que explica la desigualdad en el país es la falta de negociación y derechos colectivos, como un mecanismo activo de distribución” afirma, la investigadora de la Fundación Sol

En Chile sólo 11% de los trabajadores tiene cobertura de negociación colectiva, cifra que comparte con otros países que utilizan un modelo descentralizado de negociación, como Estados Unidos. “Nuestra negociación colectiva es sólo dentro de la empresa, y cuando el sindicato negocia sólo puede hacerlo por sus afiliados que están en ese momento, ni siquiera puede extender los frutos de su negociación a afiliados futuros” argumenta Doniez.

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A pesar de que el gobierno de Sebastián Piñera ha sostenido una campaña comunicacional sobre la cantidad de empleos creados bajo su gestión, éstos no dejan de ser empleos precarios como la mayoría de los que existen en el país, los cuales no garantizan la dignidad de las condiciones laborales.“Hay una tendencia a la precarización del trabajo, donde tener un contrato indefinido no es sinónimo de calidad” sentencia la investigadora.

“A la hora de analizar el trabajo asalariado, los datos dan cuenta que, a nivel agregado, aumenta en 648 mil personas. No obstante, el 55% de la variación de los asalariados corresponde a la modalidad de subcontratación, servicios transitorios y suministro de personal y enganchadores, lo cual es una señal de mayor precarización e inestabilidad en el mundo del trabajo. Esta cifra, sin embargo, llega al 72% para el caso de la variación de las asalariadas mujeres”, detalla. Esto según los datos que analiza la Fundación Sol, durante el trimestre noviembre-enero de la Nueva Encuesta Nacional de Empleo, realizada por el INE mensualmente.

Cambios en la CUT y nuevos referentes sindicales

Algo que destacó el año 2012 fue la llegada de Bárbara Figueroa (PC) a la presidencia de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), y la salida de Arturo Martínez tras doce años a la cabeza del órgano sindical. Esto supondría un cambio, no obstante, la entidad sigue siendo fuertemente cuestionada.

Ante esto, algunos sindicatos han comenzado a reunirse con miras a crear nuevos referentes que permitan proyectar luchas en conjunto. Nace así el Consejo Nacional por un Nuevo Sindicalismo, que agrupa a: la Unión Portuaria del Bio-Bio,laConfederación de Sindicatos Bancarios y a los sindicatos de Collahuasi, de la Construcción y del Montaje, Siteco de Rancagua, Sindicato nacional Jumbo, Sindicato Nacional ACHS, entre otros.

Hernán González, dirigente del Sindicato de la Construcción y del Montaje, señala que esta iniciativa “tiene la intención de formar un nuevo referente sindical, que rescate prácticas que no son nuevas, sino antiguas, pero que ya están enterradas por las actuales centrales sindicales. Éstas se contraponen a las prácticas actuales del sindicalismo que son burocráticas, poco transparentes en el manejo de los recursos, con poco apego a las decisiones de las bases y con demasiada vinculación a los partidos políticos tradicionales”.

Algunas de las demandas que han agrupado, en primera instancia, a estos trabajadores son: un nuevo sistema previsional con financiamiento tripartito, es decir, de los trabajadores, el Estado y las empresas; seguridad social, salud y seguridad laboral; renacionalización de los recursos naturales, y reformas al código laboral.

“El objetivo principal del Consejo es medir la fuerza que se tiene para ver si podemos luchar por cambios estructurales” sentencia el dirigente. Al respecto, Valentina Doniez señala que “es interesante que el sindicalismo pueda reflexionar sobre otros actores que no son meramente los afiliados. Es una vocación que tiene el sindicalismo histórico”.

Otra de las movilizaciones que se asoma es la que busca frenar la reforma a la ley 16.744, que establece el Seguro Social Obligatorio Contra Accidentes del Trabajo y Enfermedades Profesionales. “Este seguro lo pagan las empresas y lo administran las mutuales. Se está haciendo un gran negocio con esto. Se convertirá en el eje de una movilización que va a comenzar pronto para detener la privatización” afirma, González.

La solidaridad de clase

Uno de los hechos que marcan el ascenso de la lucha de los trabajadores en la región ha sido la experiencia que ha desarrollado la Unión Portuaria de Chile, la cual agrupa a numerosos puertos exportadores a lo largo del país, que cumplen una labor estratégica dentro de la economía nacional. La movilización más reciente fue el apoyo mostrado por los otros puertos del país (Tarapacá, Antofagasta, Atacama, Valparaíso, Bío Bío, De los Lagos y De los Ríos), que también paralizaron sus actividades por las huelgas que se desarrollaron en Mejillones los trabajadores de Ultraport en el puerto Angamos, desde el 15 de marzo. El 60% del cobre de la región de Antofagasta es exportado a través de este puerto.

Las demandas que se han levantado sontener media hora de colación, un casino para desarrollar esta misma actividad y, mientras se construye la obra, una asignación de $4000 por turno que le permita solventar el almuerzo de una pesada jornada laboral. La empresa se ha limitado a ofrecer un bono de 3.200 pesos, que los trabajadores han aceptado mientras no sé establezca un lugar apropiado para almorzar. Sin embargo, la empresa sigue adelante con acciones legales en contra de dirigentes y ha despedido a algunos que han participado activamente de la movilización.

las demandas de los trabajadores protuarios

Estas huelgas de apoyo son ilegales, ya que ningún puerto se encuentra en proceso de negociación colectiva. Y la organización es de hecho, no tiene estructura legal, sino que se encuentra sustentada en la solidaridad con las luchas que desarrollen en otros puertos.

“Estas movilizaciones son importantes por el nivel de fuerza que se adquiere y el nivel de conciencia con el que se está peleando. Si hay algún proceso de articulación o despunte del movimiento sindical es éste” afirma González. Esto puede estar demostrando la capacidad de empoderamiento que han desarrollado los portuarios en el último tiempo, para así conseguir avances.

Está claro el rol protagónico que tienen las trabajadoras y trabajadores en hacer un país más justo, disputando la distribución de la riqueza y luchando por mejores condiciones laborales y de seguridad, es decir por su dignidad. Juan Pablo Jiménez era uno de ellos, sólo el tiempo dirá cuántos se reconocerán en su ejemplo y seguirán levantando la voz ante los abusos de los empresarios y las leyes que buscan, precisamente, su desarticulación.

FUENTE: revista bello público http://www.bellopublico.cl/la-nueva-lucha-sindical-en-chile/

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