A pesar de que el valor del metal es similar al observado en los últimos ocho años -desde que estalló el boom del cobre, en 2006- la minería cerrará este 2013 con operaciones en rojo y una baja considerable en las utilidades.

FOTO MINERIA ATACAMA

Ese año estalló el súper ciclo de precios y las mineras pasaron de comercializar la libra de cobre en US$1 a sobre US$3. Ganaron dinero como nunca antes y, en medio de la fiesta, aumentaron los contratos con proveedores, iniciaron una escalada salarial, se dispararon los precios de los insumos y partieron las presiones para aumentar los impuestos al sector.

Con excedentes por US$9.215 millones, el ejercicio 2006 sigue siendo el mejor de la historia para Codelco.

Ese año estalló el súper ciclo de precios y las mineras pasaron de comercializar la libra de cobre en US$1 a sobre US$3. Ganaron dinero como nunca antes y, en medio de la fiesta, aumentaron los contratos con proveedores, iniciaron una escalada salarial, se dispararon los precios de los insumos y partieron las presiones para aumentar los impuestos al sector.

Entonces no había royalty ni bonos millonarios -el primero fue precisamente en 2006, cuando Escondida bonificó a sus trabajadores con $8 millones- y el sector gozaba de una ecuación perfecta: costos bajos, energía barata y abundante gracias al gas argentino y, lo mejor, un precio disparado.

¿El valor promedio? US$3,05, cifra inferior a los US$3,31 en que, según la última encuesta de expectativas de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), cree el sector privado cerrará la cotización internacional del metal este año.

A pesar de que las cifras macro siguen siendo positivas para el sector, ya no son iguales a las de antes.  Codelco debiera cerrar el ejercicio con excedentes cercanos a US$4.000 millones, aun cuando ya no arrastra la mochila de los contratos a futuro que mantenía con Minmetals y que vencieron en enero pasado.

Ese año, además, el aporte al fisco de la minería escaló a US$12.910 millones, cifra inédita y que llevó a la industria a representar el 34% del PIB. Tan relevante fue que a partir de allí se decidió crear los Fondos Fiscales para ahorrar estos recursos inesperados y extraordinarios.

El año pasado, las platas  de este sector a las cuentas fiscales habían bajado a US$8.359 millones, mientras que el aporte al PIB había caído al 14%. Para este año las cifras debieran ser un poco más bajas.

En otras palabras: a pesar que el precio hoy es más alto que en los años récord, la rentabilidad del sector ha disminuido dramáticamente.

La explicación es una sola: la escalada de costos. La autocrítica pública es escasa, pero en privado asoman algunos mea culpa. Uno de los más relevantes, creen distintos ejecutivos del sector, es que se permitió aumentar los sueldos a una velocidad inusitada, sin que esto haya estado acompañado de incrementos en la productividad.

ROL DE LOS CONTRATISTAS

Algo similar ocurrió con los contratistas. Las empresas que prestan servicios a la minería se multiplicaron llamadas por el alza en el precio del cobre. La alta demanda por sus servicios provocó un aumento irrefrenable en sus honorarios y reducciones de eficiencia, pues se vieron obligadas a crecer de un día para otro, de manera poco orgánica.

Las empresas mineras, por su parte, se vieron obligadas a contratar los servicios de cualquier compañía que pareciera medianamente seria, pues las grandes y medianas ya estaban tomadas.

Pero hay más razones. “Hoy somos un 5,7% menos competitivos que el promedio del resto del mundo y esto se debe al mayor costo de inversión por unidad de producción de cobre. La calidad de nuestros recursos está en progresivo deterioro, tenemos escasez de agua y un alto precio de la energía. Tenemos la segunda energía más cara de los países mineros y aquí yo me pregunto, ¿cómo es posible que todos los últimos proyectos presentados para su aprobación estén mal hechos. El problema está siendo mal resuelto y alguien tiene que asumir el costo político y resolverlo”, dijo recientemente el presidente del Consejo Minero, Joaquín Villarino, en el marco de un seminario en el que se abordó la situación de la productividad en el sector.

También hay factores exógenos. Los yacimientos han envejecido y las leyes de mineral no son las de antes. Sólo en el caso de Codelco, la ley promedio bajó de 0,84% de cobre a 0,77% entre 2010 y 2013. Y el descenso ha sido similar en el resto de la industria.

La caída de las ganancias también es explicada por otras razones, como la imposición de nuevos impuestos (royalty 1 y royalty 2) y la escalada de los costos de la energía, que luego del abrupto corte del gas argentino obligó a las mineras a pagar electricidad generada con diésel, que era unas cinco veces más caro que el gas.

Ello recién se vino a estabilizar en los últimos años, pero antes de que ocurriera fueron las propias mineras las que debieron inmiscuirse en el sector: Codelco como socio del terminal GNL Mejillones, Antofagasta Minerals adquiriendo porcentajes de centrales eléctricas -como Alto Maipo- y el llamado G4 (Codelco, Collahuasi, El Abra y Escondida) financiando un contrato entre Emel y Gasatacama. También debieron financiar plantas desaladoras para enfrentar el incremento de sus requerimientos de agua fresca, escasa en el norte minero, con inversiones por varios miles de millones de dólares.

A nivel agregado, las ganancias cayeron entre 20% y 40% en el sector entre 2011 y 2012. El problema es que hay algunas que se han visto más golpeadas que otras y hoy están operando con costos superiores a los US$3 por libra, lo que hace que cualquier caída en el precio por debajo de esa cifra las ponga en situación de riesgo. En otras palabras, cualquier pequeña tendencia a la baja en el precio del cobre en el mercado internacional se comería todo el margen.

¿QUÉ ES LO QUE VIENE?

En la minería creen que la escalada de costos a nivel agregado tuvo su peak este año. Algunas mineras han intentado recortar ciertos bonos a sus trabajadores, mientras que otras, como Codelco, han impulsado planes de retiros para reducir su dotación, aunque en este último caso sin mucho éxito: la estatal pretendía desvincular a 2.000 trabajadores, pero apenas se sumaron a este llamado unos 70.

Por ello, 2014 resulta clave para intentar revertir este escenario. Varias mineras han tomado medidas con los contratistas, exigiéndoles reducciones de sus costos y aumentos de productividad.

El problema es que los desafíos siguen, pues la industria minera deberá seguir invirtiendo para mantener sus actuales nivel de producción. Para ello, necesitará recursos frescos -complejos de conseguir en un contexto de restricción de liquidez a nivel internacional- y decenas de miles de nuevos trabajadores. Y, por cierto, contratistas.

A nivel laboral, el Consejo Minero prevé que la demanda de trabajadores se disparará en 38 mil trabajadores adicionales al 2020, tan sólo para labores de  extracción, procesamiento y mantenimiento. Ello supone un 24% de incremento de la fuerza laboral.

“En un país con pleno empleo y déficit de mano de obra calificada, se hace cada vez más difícil satisfacer los requerimientos de nuestra industria. Advertimos un incremento fuerte y sostenido del costo del recurso humano, que lamentablemente no ha ido acompañado de igual crecimiento de la productividad”, dijo el presidente de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) en la reciente cena anual de la industria.

La conclusión es compleja para este sector. “La pequeña, mediana y gran minería privada y estatal han incrementado sus costos de tal forma que, en muchos casos, existe el riesgo de su continuidad operacional, especialmente en las empresas mineras de menor escala productiva”, añadió Salas.

Un respiro para este sector lo constituyen los nuevos proyectos que comenzarán a ingresar en los próximos años, como Sierra Gorda (KGHM), Ministro Hales (Codelco) y Caserones (Lumina Copper), que han sido diseñados bajo este nuevo escenario de costos altos y que, por tanto, privilegian la eficiencia. Para las operaciones existentes, el desafío es fortalecer los controles de costos. Y cruzar los dedos para que el precio no baje.(PULSO)