La prensa ha comentado con incredulidad, en la letra y la voz de diversos periodistas, el hecho que el gobierno anunciare la intención de licitar la explotación del litio en condiciones absurdamente ventajosas para quienes se adjudiquen la explotación y tremendamente minimalistas para Chile, en términos de provecho económico de un mineral tan estratégico y con tanto futuro.

Plantear que se cobrará un 7% de la extracción más los impuestos, lo que arrojaría un beneficio total al país de 350 millones de dólares, en un contrato a 30 años, parece algo risible, absurdo y demencial.

Porque no se puede amarrar un contrato a 30 años en un recurso que va adquiriendo cada vez más importancia en el uso tecnológico del futuro próximo, ya que su precio puede variar enormemente, lo que transformaría al país en el perdedor neto, tal como aconteció con los contratos mineros en la privatización del cobre, en los que, debido a la ley minera y la variación de los precios, Chile ha perdido más de 250 mil millones de dólares, si se coteja con la opción de haber sido explotado por Codelco.

No se explicita tampoco con qué categoría tributaria se cobrarán los impuestos para la explotación del litio, pues si es la misma de la inversión minera existente, simplemente es a título de pérdida total. Pero nada de estas cosas se discuten, los chilenos nada saben de lo más esencial del tema, pues se persiste en el secretismo, en el salir con los hechos consumados, cuando ya nadie puede hacer nada. Como los parlamentarios son simples mandados de los cabecillas del gobierno y de los jefes de la oposición (que para el caso es casi lo mismo), entonces tampoco se puede esperar desde este sector una voz imparcial o crítica.

¿Por qué, nos preguntamos, la dirigencia contemporánea (desde los militares hasta ahora) se empeñan en lesionar a Chile y sus intereses más elementales?

Podría señalarse que es una especie de “pócima” ideológica bebida por esta gente, que les hace ver el mundo a través de un espejismo de realidad y no de la realidad misma; porque la otra posibilidad está en algo peor, que es la corrupción más peligrosa de esta clase política. Peligrosa porque de la corrupción nadie se recupera, sino que el mal tiende a agravarse y a hacerse impune.

Ya se denuncia que hay conflicto de intereses entre ministros relacionados con el ramo y empresarios interesados en la minería del litio. Si se revisan los directorios de las diversas empresas mineras, nos encontraremos con sorpresas; también si se revisan los cargos ejecutivos de diverso nivel en estas empresas. Entonces es muy probable que al licitar este recurso nuevo, a poco andar se descubra que la planta ejecutiva esté poblada de las mismas familias y los mismos nombres que ya se hacen repetitivos en las esferas del poder estructurado tan férreamente y de manera tan ubicua.

Se ha encontrado a personajes de la política chilena tratando en aeropuertos extranjeros temas de cruce de platas para el financiamiento de sus actividades. Las operaciones se hacen desde paraísos no filtrables, para que no se sigan las pistas desde Chile. Esto ya habla que el cáncer de la corrupción lo tenemos entronizado hasta el tuétano.

Por eso es que suceden estas cosas; por eso es que no podemos menos que ser pesimistas acerca del futuro de Chile. Cuando estas castas oligopólicas se transforman en voraces e insaciables, la corrupción concentrada se hace pertinaz y sin miramientos. Entonces todo freno ético es roto y toda armonía es quebrantada. O la lucha social es desencadenada, o el autoritarismo populista puede ser otra resultante; ambas, en todo caso, igualmente corruptoras del hombre y del sistema.

Se van cerrando las esperanzas de una transición pacífica para Chile, si las cosas se siguen dando de esta forma. Cuando los sistemas se cierran, se hacen inflexibles e impenetrables, la única forma de derrotarlos y cambiarlos es en base a la lucha frontal o en base al voto consciente de las mayorías arrolladoras.

Pero para que se dé un cambio electoral, se requiere antes la toma de conciencia de las mayorías, y para eso se exige una lucha pública frontal y callejera, porque la dominación electoral y de prensa es total a favor de la mantención del sistema actual.

El caso de la inscripción automática no hará variar mucho la situación del pasado y del presente, puesto que los que no votan son jóvenes marginales que poco interés le prestan al tema formal de la política pues hace ya tiempo que el sistema les abandonó a su suerte y ya nada esperan desde arriba. Esa gente no irá a votar, les llame quien les llame: ya no creen, está fuera del sistema.

Me tacharon de exagerado cuando en un programa de radio señalé que esta nueva burla a los estudiantes no dejaba otro camino que la próxima vez enfrentaran al sistema con una estrategia total y terminal: paro total, definitivo y coordinado entre varios frentes sociales estratégicos para el funcionamiento del país. Todas las otras puertas ya se han cerrado y sería inocente el pensar que se abrirán de manera voluntaria.

Esto puede parecer totalista, pero si vemos la desfachatez con que actúa frente a los intereses del país esta clase corrompida del poder actual, sin sacar enseñanza del desastre en los resultados que nos refieren las decisiones en el cobre, es porque el imperativo económico de las castas privilegiadas se seguirá poniendo por encima de los intereses del pueblo de Chile.

Eso habla de una contumacia perversa en las élites que saben que ya no hay marcha atrás en el afán de apropiarse de lo que queda de riqueza, que al parecer es mucha y muy tentadora. Tan tentadora que no se pueden contener, ni siquiera moderar.(Por Hugo Latorre Fuenzalida en libertadexpresion.cl)