Beijing buscará sacar de la pobreza a 80 millones de personas en los próximos tres años.

FOTO EMPLEO EN CHINA

 

Se prevé aumentar el salario mínimo en un 40% respecto al sueldo promedio urbano, así como los impuestos a los más ricos.

 

Sin un calendario exacto, pero sí con un horizonte identificado -el año 2015-, el gobierno chino anunció una serie de reformas fiscales, laborales y demográficas tendientes a disminuir, principalmente, la brecha entre ricos y pobres, una de las más altas a nivel mundial. La Oficina Nacional de Estadística de China informó en enero pasado que el coeficiente de Gini (que mide las desigualdades en una escala de 0 a 1) en 2012 situó al país en 0,474, por encima del 0,4 que, según la Organización de Naciones Unidas (ONU), indica peligro de malestar social.

A sabiendas de que esta cifra podría llegar a convertirse en un foco de cultivo para futuros problemas, el Consejo de Estado del país aprobó un plan de 35 puntos, cuyo contenido específico aún no ha trascendido del todo. Pero, de concretarse tal como se ha planteado, unos 80 millones de personas podrían salir de la pobreza en los próximos tres años, según cálculos gubernamentales. Este es un dato importante si se considera que en 2011 en las zonas rurales de China -un país con más de 1.300 millones de personas- había cerca de 128 millones por debajo del umbral de la pobreza, que en ese país se establece en unos US$ 368 anuales per cápita.

Según un informe de 2011 del Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social, citado por el oficialista Diario del Pueblo, en 2007 algunos gerentes de compañías estatales ganaban 4.553 veces más que los trabajadores migrantes. “La brecha entre las zonas urbanas y las rurales y la diferencia de ingresos entre ciudadanos es relativamente grande, estos están distribuidos irregularmente, hay problemas obvios de ingresos no claros e ilegales, y algunos grupos viven en condiciones difíciles”, señala el documento publicado por el Ejecutivo, según consignó el diario español El País. Para alcanzar tal objetivo, el Consejo de Estado prevé, entre otras medidas, aumentar los impuestos a las empresas estatales (SOE), a los más ricos y tasar las inversiones inmobiliarias, de modo de destinar todos los ingresos extras para áreas de gasto social. Así, por ejemplo, las autoridades planean situar el sueldo mínimo en un 40% del salario medio urbano ( de unos US$ 4 mil anuales en 2012, según The New York Times) en gran parte del territorio chino para 2015; cubrir el 75% del consumo del ítem salud y lograr que el 20% de las viviendas urbanas sean fiscales.

Uno de los anuncios más importantes dice relación con la migración. El plan contempla una modificación a los permisos de residencia o Hukou, bajo el argumento de que los campesinos “tendrán más oportunidad de transferir su residencia oficial a las urbes”. Se calcula que existen 250 millones de trabajadores migrantes (un 26% de la población económicamente activa).

Respecto de los impuestos, el Ejecutivo -que a partir de marzo quedará en manos de Xi Jinping- planea un alza en cinco puntos porcentuales al impuesto sobre los beneficios de las sociedades estatales, que actualmente transfieren una pequeña parte de sus ganancias al fisco. Esto, en medio de voces que alegan que estas empresas poseen más beneficios que las privadas.

También se verán afectados los bienes de lujo y podría introducirse un impuesto de sucesiones. La Comisión de Desarrollo y Reforma de China -que dio vida al ambicioso plan- ya advirtió que estas reformas son “arduas y complicadas (y que) suponen la reasignación de varios intereses, por lo que no hay manera de llevarlas a cabo de un día para otro”, según consignó la cadena británica BBC.(LA TERCERA)