El líder escocés, Alex Salmond, presentó  el plan para la separación de Reino Unido, que incluye un referéndum en 2014.

FOTO LIDER ESCOCES

La creación de un país más democrático, próspero y justo. Esas fueron las razones que el ministro principal de Escocia, Alex Salmond, esgrimió  cuando presentó el llamado Libro Blanco, en el que se fijó los objetivos sociales, políticos y económicos en un eventual Estado independiente, que vería la luz  en marzo de 2016.

Una decisión que podría ser  tomada el 18 de septiembre del próximo año, cuando se lleve a cabo un referéndum sobre el tema. Este paso ha sido considerado por analistas como el mayor desafío constitucional a Reino Unido desde el Acta de Unión establecida en 1707, en la que Escocia quedó unida a Inglaterra. Sin embargo, un sondeo realizado en octubre reveló que sólo un 25% de los escoceses quiere la independencia, mientras que un 44% no la desea.

Como sea, la lucha por la independencia data desde fines del siglo XIII, en la que se desarrollaron una serie de batallas contra Inglaterra, las que principalmente tuvieron como protagonistas a William Wallace y Robert the Bruce.

Un paso importante se dio en 1999, conocido como Devolución: un proceso de descentralización del gobierno en el que se entregó más poder (en áreas como educación, agricultura, salud y vivienda) a las regiones que componen Reino Unido: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte.

La iniciativa independentista, que se ha transformado en el caballito de batalla de Salmond, líder del Partido Nacional Escocés (SNP) desde que asumió el mandato en 2007,  tomó forma en el mencionado libro con el título Scotland’s Future (El Futuro de Escocia).

El documento señala que se conservará la libra a través de la creación de la llamada “zona esterlina”.  Para el político del SNP, conservar la misma moneda asegurará “continuidad y certeza”.

Salmond sustenta su propuesta económica, principalmente, en la explotación de los recursos energéticos que posee esta región en el Mar del Norte. “La independencia de Escocia da la oportunidad para emplear esta riqueza energética para la gente de Escocia. Con la independencia podemos asegurar que los royalties del petróleo y el gas darán apoyo a los servicios públicos y que Escocia forme un fondo para asegurar que las futuras generaciones también se beneficien de nuestras reservas”, señala el documento.

Según datos de la BBC, el gobierno escocés estima que la explotación petrolífera podría generar US$ 92 mil millones en royalties en 2018. Sin embargo, en Londres, consideran esas proyecciones demasiado optimistas, ya que las reservas estarían entrando en un proceso de agotamiento. El Ministerio del Tesoro británico se ha beneficiado de los royalties por producción de petróleo y gas en cerca de US$ 400 mil millones, en los últimos 40 años. Se estima que el 90% de esa producción provino de aguas escocesas.

Con una población de 5,2 millones de personas, el equivalente al 8,3% de la población británica, Escocia tiene intención de continuar como miembro de la Unión Europea (UE), aunque ayer la Comisión Europea reiteró que la independencia la obligaría a solicitar el ingreso al bloque.

Además, la propuesta incluye conservar la institución de la monarquía y sacar del territorio escocés las bases de los submarinos nucleares británicos.(LA TERCERA)