La presidenta electa de la CUT asegura que la multisindical por muchos años apostó por una política de contención.

Tras la jornada electoral del viernes pasado de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Bárbara Figueroa, líder de la lista comunista, fue reconocida como la nueva timonel de la multisindical por Arturo Martínez. Todo indica que será la primera mujer en presidir la CUT, si esta semana el nuevo consejo de 60 miembros la proclama oficialmente. En su primera entrevista, entrega su visión sobre la actual situación de la CUT, el estilo que marcará su gestión y los cambios que busca introducir.

¿Cuáles son los objetivos para el período que inicia en la CUT?

Hay dos líneas de acción. Una es la relación con los movimientos sociales y con la autoridad. Tenemos que recobrar las confianzas. Queremos ser actores más protagónicos y disidentes desde la movilización, algo que no debiera asustar a nadie. La segunda arista es garantizar la unidad sindical.

¿Tiene previsto reunirse con la ministra del Trabajo?

Estamos esperando sus señales. No descarto que nos acerquemos a plantearle una agenda de trabajo, pero primero debemos conversarlo con la nueva directiva. Es necesario poner en la palestra los temas laborales de manera más enfática.

¿Cuál es su evaluación de la agenda laboral actual?

No diría que los gobiernos no se han hecho cargo de los temas laborales. Han tomado elementos propuestos por los trabajadores, como el posnatal. El problema es que muchas veces en el enfoque termina primando el interés del empresariado. Nuestro énfasis no solo estará en que los temas estén sobre la mesa, sino en que se considere la opinión de los trabajadores. Sin embargo, tengo la impresión de que la agenda laboral del gobierno está un poco agotada. Queda poco para las elecciones. Eso es un factor negativo para abordar de manera seria y responsable los temas.

¿Considera que la CUT está hoy desprestigiada, tras todos los cuestionamientos que se generaron en torno a la elección?

No diría que está desprestigiada, porque habríamos tenido un proceso electoral con poca participación. Pero sí creo que ha perdido credibilidad y confianza. Por muchos años se apostó por sostener una política de contención, de acuerdos, bajo la lógica de avanzar en la medida de lo posible. Le faltó más proactividad. Pero esa manera de sindicalismo se agotó. Ahora se inaugura una nueva etapa, más proactiva, donde no solo debemos ir al choque, sino que debemos ser capaces de lograr avances.

¿Qué estrategia seguirán?

No hay que asustarse cuando uno dice que el movimiento sindical tiene que estar alerta y vigilante, en un estado de movilización permanente. Eso no implica huelgas ni paros constantes, sino que estar muy atentos a cómo se desarrollan los acontecimientos… También significa que en los momentos que se requiera tendremos que ejercer la fuerza. Tenemos disposición al diálogo, porque tenemos propuestas y argumentos de sobra, pero no podemos permitir que ese diálogo sea de brazos caídos, mientras que los miembros con los que nos sentamos tienen todo el poder.

¿Pero es un riesgo que la movilización lleve a un estado de entrampamiento más que a un avance concreto en los temas?

A ningún trabajador le gusta estar movilizado o en huelga. A nadie le gusta no trabajar o que nos descuenten. La herramienta de movilización nos debe servir para avanzar, lo que no implica que supongamos que sea suficiente. Soy absolutamente consciente de que no podemos creer que la movilización lo es todo; así como tampoco lo es el diálogo de brazos caídos. Necesitamos profesionalizar el movimiento sindical, presentar proyectos de ley alternativos, en los que tengamos apoyos políticos. Si no, ocurre un constante estado de movilización y de no avance.

¿Respalda el acuerdo CPC-CUT?

El valor que tuvo esa declaración de voluntades es que abordó temas importantes para los trabajadores, pero debemos debatir en la directiva si seguiremos abordando el debate con el empresariado.

¿Pero es un buen acuerdo?

Era un avance porque lograba poner sobre la mesa temas que ni siquiera habíamos logrado conversar con el Ejecutivo. Está claro que la central tiene que estar abierta a dialogar con todos. Me parece que el empresariado entiende que debe dialogar con el movimiento sindical y con la CUT, pero creo que el gobierno eso no lo ha leído de manera tan clara.

De los temas laborales en agenda, ¿cuáles son los más urgentes?

Demandas históricas como la sindicalización automática, el fortalecimiento de la negociación colectiva y regulación del multi-RUT. También la reforma al sistema de salas cuna. Hoy muchas mujeres jefas de hogar tienen la necesidad de trabajar y que sus hijos queden resguardados. Además, se debe analizar lo que está ocurriendo con el sistema previsional, porque por tener una mayor expectativa de vida las mujeres son castigadas. En ese tema esperaría un pronunciamiento más claro de la ministra del Trabajo. (LT)