Luego que sus representantes negociaran con La Moneda la transformación de sus demandas en decisiones políticas, el movimiento social de Aysén vive un momento de repliegue y al mismo tiempo su despliegue como poder político. El principal sostén de los dirigentes ha sido la total movilización que protagonizó la región. No hubo provincia o comuna en que no se enarbolara la bandera de las reivindicaciones. El coraje mostrado por los pobladores, conectado claramente con su historia, superó la componenda de un diputado y el Ejecutivo e hizo avanzar hacia medidas concretas las reflexiones que los aiseninos vienen haciendo hace años respecto de su futuro.

 1. De la batalla de Chile Chico a la Batalla del Puente Ibáñez  

La región de Aysén ha sido calificada geopolíticamente como una frontera interior. Sus propios habitantes la consideran una isla a pesar que se encuentra en el continente. Es la tercera más grande del país con  una superficie de 108.494 kilómetros cuadrados. Los Parques Nacionales ocupan cinco millones de hectáreas, encontrándose en la región el 35% de los bosques nativos del país. Las aguas del río más caudaloso de Chile (el Baker) surcan su territorio, que aporta con el 35.5% de los recursos hídricos de la nación. Como reserva de agua dulce es una de las más importantes del planeta. 18 mil kilómetros cuadrados son campos de hielo. Cuenta con 20 mil kilómetros de costa con aptitud acuícola

 Es también la región menos densamente poblada al habitar en ella aproximadamente 105 mil personas. Administrativamente se compone de 5 provincias y 10 comunas. Su colonización es una de las últimas del territorio nacional. Las zonas más conocidas, como Coyhaique y Puerto Aysén fueron fundadas en las décadas de 1920. Puerto Cisne en la de 1950. El poblamiento de la región es relativamente reciente en comparación con el resto del país.

 En este proceso de poblamiento, al igual que en otros de la historia de Chile y de la humanidad, hubo un severo enfrentamiento entre las sociedades de explotación ganadera y forestal y los pequeños colonos. En 1917 tuvo lugar la denominada  “guerra de Chile Chico”. En este conflicto el Gobierno se puso de lado de los grandes terratenientes. La policía fue obligada a respaldar su decisión política, sin embargo, Rafael Cheuquela, el teniente a cargo, impidió un enfrentamiento con la población: “…no podemos atacar a compatriotas que en lo alto de sus humildes casas hacen flamear banderas chilenas hechas de trapo y de sus mismas ropas, no somos mercenarios y de mis hombres no saldrá ni una sola bala para matar a otro chileno”. Dado de baja fue reemplazado por otro oficial que llevó adelante una violenta  represión resultando varios civiles y policías muertos. Verificado el cambio de Gobierno el Presidente Alessandri Palma ordeno el regreso de la tropa a Santiago y que se respetaran los derechos de los colonos: su ocupación del territorio fue preferida a la licitación que el Ejecutivo había hecho de las tierras a favor de un particular.

 Casi un siglo después otros “colonos” libraron en el puente Ibáñez una batalla con tintes semejantes. Mientras en 1917 chilenos migrantes del centro sur y de Chiloé lucharon por su propiedad para garantizar para ellos y su descendencia un espacio digno donde vivir y trabajar, los de hoy, gracias a aquella conquista, combaten por apropiarse de su destino y el futuro de sus hijos. Resulta curioso por cierto que ahora, al igual que en los sucesos del poblamiento,  se oiga el nombre de Linares, Parral y Longaví.

 Aysén ha vuelto a hacer historia reencontrándose con la memoria de los primeros pobladores.

 2. Alinco y el Ejecutivo lejos del pueblo

 El país todavía recuerda la votación del Presupuesto Nacional y el papel que tuvo en ello el diputado regional René Alinco. Justificó su deleznable conducta diciendo que había obtenido compromisos del Ejecutivo que iban a favorecer a su región: “… sostuvo que existió un acuerdo de palabra con las autoridades para lograr que en marzo <<ya tengamos en perspectiva nuevas inversiones en educación, y también aumentar y crear una beca especial para nuestros estudiantes que tanto lo necesitan>>”. Pasó muy poco tiempo para que el diputado y el Ejecutivo quedaran expuestos ante la ciudadanía. Si hubo tal acuerdo fueron absolutamente inoperantes en su implementación y fueron incapaces de anticiparse a las demostraciones de descontento.

 3. Estrategia Regional de Desarrollo de Aysén 

Muchas de las demandas presentadas por el movimiento social expresan requerimientos que la institucionalidad política detectó e integró en un Plan de Desarrollo Regional presentado en enero de 2009 con un horizonte de 30 años. En dicho documento se dejó establecido de manera clara y plenamente justificada la relevancia de la inversión pública, así como la transformación productiva que estaba experimentando la región. De acuerdo con el estudio la pesca y acuicultura, la minería y la construcción, así como la administración pública, constituyen los  centros de dinamismo de su actividad económica. Se trata de una “economía altamente especializada, fuerte presencia de pequeñas empresas, principalmente dedicadas a los sectores silvo-agropecuarios, pesca y comercio, con alta incidencia en el sector turismo y en que la administración pública juega un papel relevante”.

 Los datos aportados indican que la pobreza bajó en el periodo 1990-2007 desde un 32.8% a un 9.2%. Aumentó la flexibilidad laboral. También la indigencia. La inversión pública mantuvo tasas cercanas al 10% en el mismo periodo. La escolaridad promedio sólo bordeaba los 9 años en menores de 24. Los planes de alfabetización fueron mejor aprovechados por las mujeres aumentando sustantivamente las alfabetizadas.

 El Plan contempló ocho objetivos estratégicos: “1.Conectar a la región física, virtual e internamente con el país y con el resto del mundo, potenciando su desarrollo territorial y su inserción nacional e internacional, manteniendo sus particularidades culturales y ambientales. 2. Incrementar la población a partir de un patrón de asentamientos humanos que permita sustentar actividades económicas y sociales sobre el territorio regional, aportando a la diversidad cultural y fortaleciendo el sentido de pertenencia territorial. 3. Disponer de adecuados niveles de capital humano y social que aseguren un proceso de desarrollo endógeno y participativo. 4. Operar con elevados niveles de eficiencia, encadenamientos y competitividad, en la actividad económica regional, de acuerdo con las diversas vocaciones productivas acordes al territorio. 5. Promover la valoración que tienen los habitantes respecto de su patrimonio ambiental a través de mecanismos adecuados para su protección y uso sustentable. 6. Dotar a la región con una matriz energética eficiente, diversificada y de bajo costo para los consumidores, que sustente las actividades económicas y sociales. 7. Facilitar un acceso equitativo de la población a servicios sociales de calidad que aseguren una atención de salud oportuna y especializada y el acceso a servicios educacionales en todos sus niveles, permitiendo el mejoramiento continuo de la calidad de vida de sus habitantes. 8. Integrar y adaptar el ser aysenino a los procesos de modernización, valorizando su patrimonio cultural y su identidad regional”.

 4. Crisis del mercado y del orden constitucional

 Coincidiendo las ideas de los líderes del movimiento con varias de las reflexiones y propuestas del Plan de Desarrollo, el movimiento avanza un paso más y plantea una mirada que examina una cuestión vital para el actual orden de cosas. Los aiseninos no están dispuestos a seguir las reglas del mercado en un conjunto relevante de materias y exigen Nueva Constitución para Chile. Conectan de este modo con el sentir mayoritario: el actual sistema presenta falencias que impiden un desarrollo armónico e integrador del país.

 La demanda por una nueva Constitución es un elemento importante de la alta política que viene promoviendo el movimiento socio-político. Movimiento que integra, como muy bien lo indica Fuentes, a la clase media y popular en un solo proyecto. Así las cosas la demanda por un nuevo orden constitucional comienza a emerger como un proyecto pluriclasista integrador.

 Aysén ha vuelto la política al corazón de las grandes mayorías. Donde las clases media y popular lograron llevarla entre  1920 y principios de 1970. Como ha dicho el propio Iván Fuentes “…la política está enferma, pero que no es una enfermedad terminal porque esa gente que protesta en la calle hace política, se expresa. Lo que necesitamos es arreglar la política, que la gente vuelva a creer en ella”.

 Sin el lenguaje de los técnicos y con plena conciencia de las limitaciones que vienen experimentando como habitantes de la región, los pobladores y sus dirigentes lograron hacer avanzar la política desde el diagnóstico y la proyección a la toma de decisiones. Habrá que estar pendientes del avance de las negociaciones para ver si el poder político de los aiseninos consigue imponer sus términos a una institucionalidad estatal cada vez mas resquebrajada.

 Eric Eduardo Palma