La producción retrocedió más de lo esperado, confirmando el mayor temor del gobierno y economistas locales: el país no podía estar más tiempo aislada de la crisis de la Eurozona.

Parecía invulnerable. Mientras sus vecinos luchaban contra la recesión, Alemania disfrutaba un mes tras otro de la fortaleza de su economía y de su poderosa industria exportadora. Pero eso parece haber llegado a su fin. Tras cifras un poco dudosas en mayo, los resultados de junio no hicieron más que confirmar que la crisis llegó a territorio alemán.

La producción industrial del país cayó 0,9% en junio comparado con el mes anterior y en doce meses retrocedió 0,3%. Mucho más de lo esperado por los analistas, que en el peor de los casos esperaban que ésta no hubiera registrado ninguna variación.

«Las encuestas muestran que las empresas están más pesimistas. Por lo que es posible esperar cifras aún peores para la industria en el tercer trimestre», afirma Ulrike Rondorf, analista de Commerzbank, quien no descarta que el PIB alemán pudiera entregar resultados negativos en el tercer trimestre.

La encuesta a la que hace referencia Rondorf es el Índice de Clima Económico del Instituto Ifo, que en julio marcó 103,3 puntos, su menor nivel desde mayo de 2010. El índice es considerado un acertado anticipo de los datos macroeconómicos, por lo que sus resultados mermaron las expectativas de crecimiento para lo que queda del año. El Bundesbank aún pronostica una expansión de 1% para el PIB de este año. Pero, en su informe de junio, reconoce que todo depende de los vecinos.

«La pregunta del millón es cuánto pueden aguantar las empresas y consumidores alemanes la turbulencia europea», agrega Andrea Rees, economista de UniCredit. La respuesta parece ser «no mucho más». Poderosos conglomerados como Siemens, BASF y MAN reportaron bajas en sus resultados del segundo trimestre, debido a menores órdenes desde sus mercados de China y Estados Unidos, vistos como un salvavidas ante la recesión de los otros países del euro. Lo que se reflejó en una caída mayor a la esperada de las exportaciones en el mes de junio (-1,5%).

Lo peor es que la demanda interna tampoco parece lo suficientemente fuerte para compensar las pérdidas. También en junio, por tercer mes consecutivo, las importaciones registraron un descenso (-3%).

 Escenario vulnerable

Este deterioro también se está reflejando en el sector financiero. En la última encuesta del Bundesbank, los 34 mayores bancos alemanes reconocieron haber restringido la entrega de créditos, con excepción de las línea de consumo, basados en el deterioro de las expectativas para «sectores específicos» y en un «ligero» aumento de los costos de financiamiento.

Y en junio, tanto los préstamos a empresas como a familias registraron sus peores registros en lo que va del año. En el caso de los créditos a empresas, éstos tuvieron una ligera expansión de 0,1%, mientras los préstamos de consumo e hipotecarios se contrajeron en 0,12%, su primera caída mensual en el año.

Y aunque han reducido su exposición a los países en problemas, en promedio un 30% de los bancos alemanes siguen teniendo una gran exposición a España e Italia, con deudas por cobrar por 280 mil millones de euros.

«El sector financiero alemán se ha estabilizado desde 2009 y ahora cuenta con abundante liquidez. Sin embargo, cumplir con los requerimientos de capital impuestos por Basilea III es un desafío, debido a sus modestas ganancias y su nivel aún alto de apalancamiento», dice Fitch en su último informe tras mantener la calificación crediticia.

Más estricta fue Moody»s, que puso en perspectiva «negativa» a 17 instituciones financieras de ese país. Pero no por su exposición a los países en crisis, sino por el amenazante deterioro de las cuentas fiscales de Berlín.

De acuerdo a su análisis, incluso en el mejor de los escenarios, los países más fuertes de la Eurozona tendrán que comprometer mayores recursos para financiar nuevos eventuales rescates y el proceso de integración bancaria. «Como el mayor país del área, Alemania debe cargar con muchos de esos nuevos compromisos», afirma la clasificadora, que puso el «AAA» del país en perspectiva «negativa».

Según el Instituto Ifo en Múnich, la salida de Grecia de la Eurozona le costaría a Alemania 80 mil millones de euros. La cuenta aumentaría si después de financiar un rescate para España, esta llegara a declararse en default .

Hasta ahora Alemania ha comprometido 211 mil millones de euros para los fondos de rescate europeo. Las contribuciones han detenido los esfuerzos por reducir la deuda fiscal, que tras crecer durante la crisis financiera, se esperaba se redujera de 83% a 78%. Pero en el escenario actual la deuda pública terminará el año en 81,6%. Una salida de Grecia del euro o un deterioro de la crisis, podría llevar rápidamente ese ratio a 90%.

Rolf von Hohenhau, presidente de la Asociación de Contribuyentes de Baviera, ve con preocupación la posibilidad de que Alemania tenga que comprometer mayores fondos. Y advierte: «No debemos crear la situación en que nos debamos preguntar: ¿quién rescata al rescatista?». (EMOL)